Existe una variedad de percepciones fundadas en plantas,
animales, insectos, nubes, estrellas, entre otros elementos, hechos y fenómenos
de la naturaleza.
Muchas de ellas han forjado bellas y estructuradas bases
cosmogónicas en una gran diversidad de civilizaciones alrededor del mundo. El
poder representado en un jaguar, la sabiduría en un búho, la astucia en un
zorro, la perseverancia en una tortuga, la nobleza en un caballo y la fidelidad
en un perro, entre otras cualidades que enaltecen el espíritu humano y le
ayudan a explicar y justificar su posición en el universo.
Por supuesto, las aves no son la excepción. En el México
prehispánico el guajolote fue catalogado como el gran alimentador ya que
constituía la fuente primaria de la dieta de los pueblos indígenas, del mismo modo
el faisán, las palomas y las perdices. El plumaje de algunas aves exóticas
servía para distinguir rangos y jerarquías, por ejemplo, el penacho de
Moctezuma explica la importancia que daban a la ornamentación en esta época.
Del mismo modo han surgido bellas costumbres locales
asociadas a la actividad de algunas especies de aves. En ciertas regiones de
Colombia las personas suelen alistarse para recibir a un visitante cuando un
colibrí entra a sus casas, por ende, la arreglan, asean y la disponen acoger a
dicho comensal. El vuelo itinerante de las golondrinas anuncia la llegada de las
lluvias, el canto incesante de las pavas o guacharacas vaticina el momento de
cosechar los frutos de la tierra, y las bandadas de loros anuncian la
proximidad de un festejo.
No obstante, este culto y deificación hacia las aves trae
consigo ese aspecto antagónico que busca urdir sobre algunas de
ellas la responsabilidad de hechos trágicos e indeseables de la vida de los
seres humanos. Tales cosas se definen como presagios de muerte, mala fortuna,
enfermedad, augurios tenebrosos, entre otros aspectos.
Algunas veces los búhos, lechuzas y otros pájaros nocturnos
suelen ser vistos como criaturas siniestras y objeto de exterminio, pues dicha
deleción a su vez deshace la maldición asociada. Se han reportado varios casos
en los cuales estas aves son apedreadas, apaleadas y asesinadas
inmisericordemente, en gran medida por la superchería e ignorancia sobre las
mismas.
Se ha determinado que búhos y lechuzas
son vitales en la regulación de los ecosistemas, ya que junto a otros
organismos se encargan de mantener controladas a poblaciones de roedores e
insectos las cuales, en función de un desaforo, pueden llegar a ser
indeseables.
Del mismo modo, son aves fascinantes en términos de sus cualidades morfofisiológicas, pues han sabido adaptarse a su entorno de una manera maravillosa, al estar dotadas de una visión, olfato y oído prodigiosos, poseer ciertas características de vuelo que las hace indetectables, rotar sus cabezas para monitorear los alrededores en busca de alimento, y una variedad de formas y colores en sus plumajes, dignos del más acerado de los artistas surrealistas o del cubismo.
Del mismo modo, son aves fascinantes en términos de sus cualidades morfofisiológicas, pues han sabido adaptarse a su entorno de una manera maravillosa, al estar dotadas de una visión, olfato y oído prodigiosos, poseer ciertas características de vuelo que las hace indetectables, rotar sus cabezas para monitorear los alrededores en busca de alimento, y una variedad de formas y colores en sus plumajes, dignos del más acerado de los artistas surrealistas o del cubismo.
En Colombia existen
aproximadamente 28 especies de búhos, distribuidas prácticamente en todo el territorio
nacional y desde el nivel del mar hasta cotas que superan los 3500m. Conviven
con los seres humanos aprovechando los roedores y otros organismos concomitantes
con sus asentamientos. Tan solo en la Sabana de Bogotá se han registrado cerca
de 10 especies de las cuales varias moran el interior de la ciudad siendo
cazadores nocturnos cuya presencia es prácticamente imperceptible (afortunadamente).
Los búhos no son brujas ni determinan
la desgracia de nadie. Son aves fascinantes cuyo conocimiento es aún precario
en aspectos de su distribución y patrones ecológicos jugando un papel
importantísimo en el flujo de energía de los ecosistemas; simbolizan la sabiduría,
la academia y la prudencia (de hecho, el campus de la Universidad Nacional de Colombia
está basado en la figura de un búho), constituyen ancestros culturales y
sociales de gran valor en todo el mundo, y la mera realidad de su existencia las
hace merecedoras de respeto, cuidado y reverencia.
Es muy importante fomentar en las
nuevas generaciones un sustento pedagógico sólido que les permita entender y
apreciar a estas criaturas en términos de su defensa, no solo del organismo per
se, sino de su hábitat; que matar es matar y que tal acto es mucho más
reprochable cuando se basa en la ignorancia o en la prepotencia basada en “lo
hago porque puedo”. Es mejor hacer muy poco bien, que hacer el mal muy bien.
Apedrear, balear o torturar un
búho, (o cualquier animal) so pretexto de construcciones irracionales, supercherías
y miedos infundados determina un nivel intelectual totalmente precario, también
define perfectamente la actitud de los cobardes y los pusilánimes, explicando
así que detrás de un ignorante habrá siempre un cobarde.