domingo, 23 de marzo de 2025

Plantas exóticas, no exóticas, nativas, no nativas…

Los procesos de restauración ecológica, diseño de jardines y planificación de zonas urbanas han sido objeto de debate en relación con la composición de la flora utilizada, ya que en ocasiones incluyen especies exóticas o no nativas, lo cual ha generado, a mi modo de ver, una generalización de índole destructiva hacia cualquier planta que se considere “exótica”.

Se considera que una especie nativa, indígena o autóctona es aquella que pertenece a una región o ecosistema determinados. Su presencia en dicho entorno es resultado de procesos naturales sin intervención humana, ya sea en el pasado o en el presente. 

Por otro lado, una especie exótica o invasora es aquella que se encuentra fuera de su área de distribución natural y logra establecerse en hábitats que no le son propios. Su presencia puede modificar la riqueza y diversidad de los ecosistemas. En muchos casos, estas especies son transportadas e introducidas por el ser humano en nuevas regiones y, en ciertas circunstancias, pueden convertirse en una amenaza para el equilibrio ecológico. 

Aunque podría parecer innecesario, considero relevante incluir una breve descripción del concepto de dispersión de semillas, ya que esto permitirá comprender mejor los efectos del ingreso de plantas exóticas y, sobre todo, su capacidad de adaptación, un tema ciertamente controversial.

La dispersión de semillas es fundamental para el mantenimiento de las poblaciones y comunidades vegetales. Si bien el viento y el agua pueden transportar semillas, aproximadamente el 75 % de las plantas terrestres dependen de los animales para su dispersión hacia microhábitats que favorecen su establecimiento. Esta dispersión puede ocurrir de manera externa (epizoocoría y estomatozoocoría, cuando las semillas se transportan adheridas a los animales sin ser ingeridas) o interna (endozoocoría, cuando son consumidas y posteriormente depositadas con sus excrementos).

Mientras que la epizoocoría ofrece una alternativa viable para la dispersión de algunas plantas, no muchas han desarrollado adaptaciones específicas para favorecer este mecanismo. Además, en ecosistemas como pastizales, bosques secos y matorrales, no siempre se ha identificado un proceso de dispersión eficiente. En cambio, los animales frugívoros dispersan semillas a grandes distancias, particularmente en los bosques tropicales lluviosos, y la eficacia de la endozoocoría depende de la abundancia y el comportamiento de aquellos que manipulan los frutos. Algunas aves y mamíferos almacenan semillas lejos de los árboles de origen, lo que en entornos favorables permite su germinación y crecimiento, contribuyendo a la expansión de los bosques.

Diversos grupos animales participan en la dispersión de semillas en los trópicos, incluyendo aves, mamíferos, peces y hormigas. Además, cangrejos, avispas y escarabajos coprófagos también cumplen un rol en la propagación de algunas especies vegetales.

Fenómenos como la quiropterocoría (dispersión por murciélagos migratorios), la ictiocoría (dispersión por peces) y la dispersión mediada por aves migratorias han sido identificados como mecanismos clave en el transporte de semillas a largas distancias. Aunque solo el 25 % de las especies de murciélagos en los trópicos son frugívoras, suelen ser abundantes y resilientes a los cambios ambientales. Además, algunas especies presentan migraciones locales relacionadas con la fenología de fructificación de las plantas. Curiosamente, sus hábitos alimenticios difieren de los de las aves frugívoras, que son principalmente dispersoras diurnas.

Dicho esto, surgen varias preguntas: ¿Qué conocimiento existe sobre la distribución espacio-temporal de las plantas, considerando estas dinámicas de dispersión que pueden extenderse más allá de los límites continentales? ¿Se tiene un registro detallado de las especies vegetales introducidas de manera natural por agentes dispersores de larga distancia, como aves, murciélagos e insectos? ¿Se ha documentado si alguna de estas especies ha desplazado a una “nativa”? En otras palabras, ¿qué tan "nativa" es realmente una planta?

Si se define una especie exótica como aquella introducida de manera no natural por el ser humano, cabe preguntarse: dado que el ser humano también se desplaza por el mundo y potencialmente puede actuar como un agente dispersor, ¿podría haber facilitado la propagación de ciertas especies a través de los mecanismos descritos? ¿O la definición de "planta exótica" se limita únicamente a aquellas introducidas de manera deliberada, como el retamo espinoso (Ulex europaeus), el ojo de poeta (Thunbergia alata), el helecho de agua (Salvinia molesta), la elodea (Egeria densa), el buchón cucharita (Pistia stratiotes), la higuerilla (Ricinus communis), entre otras?

Si bien, según el Instituto Humboldt y el Ministerio de Ambiente de Colombia no existe un registro exacto del número de especies de plantas introducidas en el país, se reconoce que las invasiones biológicas son la segunda causa de pérdida de biodiversidad en los ecosistemas terrestres, marinos y de agua dulce, y la principal en los territorios insulares. Actualmente, se estima que hay al menos 22 especies clasificadas como invasoras en el país. Muchas de estas fueron introducidas intencionalmente con fines productivos, ya sea para usos medicinales, forrajeros u ornamentales. La falta de información precisa sobre la cantidad total de especies introducidas recalca la necesidad de una mayor investigación y monitoreo para mitigar los riesgos asociados con las especies exóticas invasoras.

Por lo tanto, ¿podemos asumir que, entre las aproximadamente 24,500 especies de plantas registradas en Colombia (24478 si excluimos a la identificadas como invasoras), ninguna otra ha sido introducida a través de un mecanismo "no natural"? ¿Cómo se define un mecanismo natural o “no natural” epistemológica o semiológicamente ligado a uno social o antropológico? ¿Por qué insistir en clasificar al ser humano como una especie cuyas acciones no son "naturales", incluso cuando pueden estar asociadas a los mismos procesos de dispersión descritos en la naturaleza?

Si el bienestar de los bosques depende en gran medida de la dinámica de semillas y propágulos, ¿por qué es tan acuciante en todo sentido el tema de -plantas invasoras, no nativas o exóticas- y de antemano se presupone algún perjuicio? ¿una planta solo es invasora o exótica cuando es intencionalmente introducida por el hombre? ¿llegó una definición que parece muy general y sólida a ser premisa, cuando lo cierto es de que de facto no se sabe cuántas plantas han sido introducidas o si han desatado algún artefacto del apocalipsis?

Está claro, y basado en evidencias, que ciertas especies han generado el desplazamiento o extinción de otras cuando son introducidas deliberada y abruptamente en un ecosistema. No obstante, ¿cuál es el criterio para asumir que toda planta “exótica” es perjudicial, incluso cuando se desconoce si otra planta que se cree nativa se estableció recientemente en función de algún fenómeno asociado a lo definido como natural dentro de dichas escalas? (por supuesto, el término “recientemente” también es relativo, así como la extinción masiva de una comunidad dentro de un ecosistema producto de la introducción de una planta exótica).

Antes de catalogar toda planta exótica como perjudicial, es fundamental evaluar, con base en evidencia y estudios experimentales, su impacto real en los ecosistemas. Algunas especies pueden integrarse sin causar daños significativos e incluso aportar servicios ambientales. En lugar de asumir generalizaciones, es necesario analizar caso por caso, considerando tanto sus posibles efectos negativos como su potencial contribución al equilibrio ecológico.

Plantas exóticas, no exóticas, nativas, no nativas…

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