martes, 30 de octubre de 2018

De jerarquías y "vías terciarias"

Sustentado en el reciente anuncio del Gobierno nacional sobre el destino de COP$500.000 millones para la construcción y mantenimiento de las vías terciarias del país, no puedo decir cosa distinta que ¡aleluya!

Y no es hipócrita o pretenciosa tal exclamación, pues he tenido la gracia y desgracia de recorrer no pocas de estas vías en diferentes lugares de Colombia, si bien, de manera alevosa, gozándolas como buen aficionado a los recorridos “fuera del camino” en vehículos 4x4, siendo también testigo de las calamidades cernidas sobre las poblaciones que dependen de este tipo de carreteras.

Trataré de explicar mi punto a partir de algunas experiencias “in situ” (no son todas las vividas) que describen perfectamente cuán ominoso puede llegar a ser no tener una vía de comunicación terciaria en buen estado, o aunque sea, transitable.

En una oportunidad, viajando entre Nilo y Silvania (Cundinamarca) por la antigua ruta hacia Melgar, ya entrada la noche, un grupo de personas me detuvo. Por supuesto, en aquel entonces (año 2000), pensé lo peor, lo cual, por fortuna no fue. Se trataba de un grupo de campesinos, (aproximadamente 10) los cuales se dirigían hacia Tibacuy y el transporte interveredal, por causas asociadas al mal estado de la vía, ese día no prestó su servicio. Yo iba en una camioneta con un platón de estacas en el cual, luego de solicitar mi ayuda, se subieron y los llevé.

En otra ocasión, entre Venecia y Arbeláez (Cundinamarca) y por un hundimiento en la vía colindante con un abismo, un bus escalera no pudo pasar y sus ocupantes no contaban con ningún otro medio para llegar a su destino. Yo iba solo y al hacerlo en un vehículo más angosto que el bus, pasé y llevé a un grupo de personas.

Una vez, entre Ramiriquí y Rondón (Boyacá), me desplazaba por una vía terciaria en un automóvil convencional, a unos 7 u 8 Km. de la carretera de doble calzada que conecta a Bogotá con Tunja. En determinado tramo, quedé enterrado sin fórmula alguna de poder desatascar el carro, salvo por la ayuda del gentil y servicial campesino boyacense, sin el cual no hubiese podido seguir mi camino.

Cierto día, entre Casablanca y Falan, por la ruta de Palocabildo (Tolima), un señor llevaba unos terneros en una “brasilera” (Dodge 300 Mod. 1964), y debido al fuerte invierno de ese entonces, la vía era más barro que vía. Por supuesto, el camión quedó enterrado, sus terneros estresados, y el riesgo latente de perder mucho dinero si no lograba ubicarlos en la feria de Falan. Quienes estuvimos, y como pudimos, sacamos a ese camión del barro y al señor del lodo.

Viajando entre La Estrella y Samaná (Caldas), y debido al mal estado de la vía, vi cómo un pequeño furgón que transportaba productos lácteos quedó encunetado (dícese del arte de caer en una cuneta). Al no haber otra alternativa, el conductor tuvo que pagar un rubro extra al de otro vehículo cuyo dueño accedió a recibir su carga y transportarla hacia su destino.

Quise conocer el mirador de Cerro Maco en San Jacinto Bolívar; un sitio teóricamente turístico, el cual, también en teoría, cuenta con un carreteable hasta cierto punto. Pues tal punto resultó inasequible a pesar de ir montado en una Cherokee Renegade 4x4 estrenando llantas.

El camión de un señor que llevaba 49 cantinas de leche entre Yacopí y Nimaima (Cundinamarca), quedó enterrado en un tramo particularmente deteriorado de esta vía. Ese día fui recompensado con cuatro libras del mejor queso campesino, gracias al winche de mi campero con el cual pudimos corregir el rumbo de su vehículo.

Haciendo un inventario de fauna (aves) en una de las veredas anexas a la cuchilla de San Antonio, (Puerto Salgar-Cundinamarca), conocí la tragedia de una mujer joven que no pudo concluir su educación básica, pues las instalaciones donde podía continuar con su bachillerato quedaban a no más de 11Km. de su casa, pero dicha distancia se hacía eterna, ya que las condiciones de la vía impedían el paso de cualquier vehículo que no contara con doble transmisión, por ende, la incertidumbre de poder llegar siempre a tiempo la hizo desistir.

Lo anterior, por citar lo menos, es tan solo una breve exposición de los serios inconvenientes que acarrean no concebir un sistema de vías terciarias transitables. Es innegable que esta responsabilidad recae sobre los alcaldes de los municipios por donde estas pasen, así como la ineptitud, politiquería y comportamiento rapaz de la mayoría de estos políticos de provincia, los cuales, salvo algunas excepciones, poco o nada les interesa el bienestar de sus vecinos.

Una vía terciaria, es primaria para el mediano y pequeño productor, pues de algún modo debe sacar su cosecha o beneficio hacia los centros de acopio donde los nefastos intermediarios (cosa de otro tema) y distribuidores pueden disponerlo en los grandes camiones que circulan por las carreteras 3 y 4G que al parecer, y siendo ciertamente absurdo, no conforman un sistema integrado con las vías terciarias del país.

Es primaria para el niño que va a la escuela, para la señora que visita a los parientes, para la autoridad que visita el territorio, para llevar los postes que soportarían los cables para conducir la electricidad hasta la vereda más remota, para transportar los trabajadores que instalan las tuberías de un acueducto, para los técnicos que disponen de una red de comunicación que conecte la vereda más lejana con el mundo; es primaria para todo profesional, sociólogo, médico, ingeniero, antropólogo, biólogo, abogado, economista, agrónomo, veterinario, en fin, para unir a la gente con la gente.

Una vía puede parecer algo trivial si se mira tan solo como un trazado producto de una rama de la ingeniería civil, pero el aspecto más trivial, a veces, es tan importante como el razonamiento de una sola persona, y dijo Galileo: “En lo tocante a la ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de una sola persona”.


























viernes, 21 de septiembre de 2018

Un carro chiquito que achicó a un país.

Existen muchos factores que determinan cambios en la sociedad, varios de ellos son de orden filosófico, religioso, científico,  gubernativo, etc. No obstante, hay cambios que pueden ser sutiles, tal vez intrascendentes o incluso frívolos o banales, pero que a la larga, vistos con cierto juicio y prestando atención al detalle, pueden ser significativos.

Hasta hace no más de 50 años el nivel de vida en Colombia era diferente al actual, la capacidad adquisitiva, la variedad del mercado, las dificultades de una deuda, etc., eran menos llevaderas que hoy día. Las condiciones del país en cuanto a su infraestructura financiera limitaban el acceso de la gente a ciertos beneficios que hoy día son relativamente comunes, tales como ir de vacaciones o tener un carro.

En aquellos tiempos el costo de los automóviles era porcentualmente, en relación con los ingresos de una familia de clase media, cercanos al 30 % neto anual de la misma, es decir, comprar un carro significaba un gasto considerable y una deuda larga y costosa, además, los vehículos disponibles en el mercado eran de gamas relativamente altas cuyo mantenimiento también resultaba oneroso.

Por otro lado, las vías de comunicación terrestres hacían de un viaje en bus algo más parecido a una peregrinación que a un paseo, era proporcionalmente más costoso el pasaje respecto a lo que cuesta hoy en día y un viaje que dura tres o cuatro horas, en aquel entonces podía durar el doble o incluso el triple. Viajar en bus era una opción remotamente tan masiva y común como lo es actualmente; los buses eran lentos, inseguros e incómodos, nada comparado con los vehículos ligeros, suaves, espaciosos y eficientes que hoy vemos “volar” por las principales carreteras colombianas.

Las opciones de viajar en avión eran aún más elitistas, un tiquete era sumamente costoso, y no había la oferta de destinos, conexiones, promociones y descuentos  que vemos hoy en cualquier buscador de vuelos baratos en Internet. Viajar en avión constituía un factor de prestigio tal vez más significativo que el destino o las anécdotas del periodo vacacional.

No obstante, en 1966, Auto Andes trajo a Colombia un carrito francés cuyas características lo hicieron icónico; el Renault 4, un modesto modelo de cuatro puertas, con un motorcito de 747cc. cuya potencia no superaba 20CV, sus asientos originales eran modulares en lona y su velocidad máxima era de 76Km/h. (en bajada). Sin embargo, la llegada de este modesto carrito también trajo consigo un precio mucho más asequible, así como nuevos modelos de financiación que  permitieron a muchos jefes de hogar considerar la idea de tener carro.

En efecto, este vehículo empezó a volverse un andador habitual por toda Colombia, así mismo “achicó” al país, pues muchas personas, gracias al “renolito”, por ejemplo, conocieron el mar. Su bajo consumo, su fácil manutención, su maniobrabilidad y versatilidad, estimularon a mucha gente a recorrer el país durante sus vacaciones. Este simple carrito subía la Línea, subía por Pescadero, La Pintada, La Tribuna, Chiflas, La Quiebra, Pisba, Letras, Boquerón, Rosas, La Mona, El Duende, y tantos otros altos distribuidos en las tres cordilleras que trifurcan a este quebrado y topográficamente rebelde país.

Así mismo la frecuencia de visitas a familiares y amigos viviendo en distintas poblaciones se hizo asidua, e incluso la posibilidad de ampliar dichos espectros familiares y sociales, pues el tiempo, relativo a la distancia, dejo der ser un factor tan limitante como hasta antes del arribo de este “cacharrito”.

Pudiera parecer intrascendente este anecdótico relato, pero este “mecánico” episodio fugaz y tímido de la historia del país, en efecto lo “achicó”.  Acercó sus habitantes a muchos rincones otrora remotos, permitió a muchas familias interpretar un territorio, sus costumbres y moradores, percibir cómo “bajando” hace más calor, y “subiendo” más frío, degustar otras comidas, sentir con más frecuencia la añoranza del retorno, parar a comer el postre, descubrir pueblos, veredas, regiones, etc. así fuera despacito, por carreteras destapadas, trochas o atajos, como fuere, este noble carrito los llevaba.  

viernes, 14 de septiembre de 2018

Buenas son las intenciones, pero mejor es la coherencia.

Viendo los efectos de la repudiable golpiza propinada por el actor Alejandro García a su pareja, la también actriz Eileen Moreno, brilla por su asuencia el concepto y práctica de la coherencia. 

Según investigaciones de la campaña: "Violaciones y otras violencias: Saquen mi cuerpo de la guerra"*, en el marco de conflicto armado hubo más de 800000 casos de violencia contra la mujeres, de los cuales el 67% fueron adjudicados a las FARC.

Hasta ahora no he visto (ni veré) alguna foto de alguien tapando la mitad de su cara en función de erigir una protesta ante quienes hoy, IMPUNEMENTE, fungen de "padres de la patria" mientras en su haber se han compulsado más de 1700 folios que constituyen el acerbo probatorio sobre la comisión de este tipo de delitos; al contrario, en su momento vi a muchas personas que hoy se tapan media cara, aplaudiendo cuando estos hampones llegaron sonrientes y petulantes ante la primera audiencia de la JEP (otro circo) o asumieron sus curules en el Congreso de la República sin responder por ni una sola de estas acusaciones.

Es interesante y recurrente ver cómo la indignación suele ser una especie de estornudo, tan reaccionaria pero al mismo tiempo instantánea, fugaz y pasajera.

Pregunta: ¿cuál hubiera sido la reacción de esta "enardecida sociedad pro NO violencia contra las mujeres", ante Clara López Obregón, cuando le dijo a un grupo de exguerrilleras de la Corporación Rosa Blanca que "en función de la paz, tendrán que aprender a convivir con sus victimarios", le hubiera dicho lo mismo a Eileen Moreno?

Coherencia...por favor ¡coherencia!

jueves, 8 de marzo de 2018

¡Yo no soy ningún violador!

No comparto la idea de tener que asignar un día para conmemorar algo o el sino de alguien, pienso que es tan solo un ardid que nos conmina a ofrecer regalos, y por ende comprar el regalo; no obstante ese sería un tema trivial y sujeto a cualquier debate.

Respecto al día de la mujer, es indiscutible una deuda histórica. Nadie, a menos que sea obtuso, refutaría que desde eones la opresión, marginación, exclusión, subyugación, menosprecio, deshumanización e ingratitud han sido una constante a nivel global. No existe contexto cultural, en menor o mayor medida, que de algún modo haya dejado de ser injusto con la mujer.

No obstante, sí considero discutible el hecho de establecer, tal y como lo hacen Paola Ochoa, Florence Thomas, María Paz Ferreyra, Genoveva Rojo, Nohemí Hervada, Angélica Liddell, Julie Bindel, Gabi Favarini, Gloria Steinem, entre otras tantas "feministas" que sería dispendioso citar, que TODOS LOS HOMBRES SON VIOLADORES EN POTENCIA y que "EL VIOLADOR ERES TÚ". Si vamos a hablar de ponderación, ha sido tan injusto el trato hacia la mujer como este tipo de afirmaciones, las cuales están totalmente fuera de contexto y configuran una generalización perversa.

Mujeres, usaré mi persona, y nada más que eso, para aclarar lo siguiente; el hecho de ser un hombre cuya edad está entre los 35 y 40 años, ser latino, (aunque poco bronceado) y, para completar, con sobrepeso…¡no me hace violador!, ¡ni pasivo ni activo!, ¡ni potencial o cinético!, mi pene no es ningún arma, ni la libido domina mi capacidad de razonar, ni la pipa que suelo fumar indica algún tipo de aberración de índole oral o de carácter fálico, ni mi “posición” (sea cual sea) me permite inferir que puedo violar a una mujer.

La idea de fomentar la igualdad de los derechos, solo permitiría a cierto tipo de mentes trastornadas creer que la inversión de los valores, la perversión suscrita a generalizaciones tendenciosas, la violencia (¡sí, violencia!) injustificada y el revanchismo o fanatismo, de alguna manera reivindican los derechos de alguien. Siglos de opresión hacia las mujeres no se subsanan tildando de VIOLADORES POTENCIALES A TODOS LOS HOMBRES solo por ser hombres, eso es también injusto, y la injusticia asquea venga de donde venga.

Plantas exóticas, no exóticas, nativas, no nativas…

Los procesos de restauración ecológica, diseño de jardines y planificación de zonas urbanas han sido objeto de debate en relación con la com...