jueves, 27 de febrero de 2014

Del gargajo a la síntesis.

Cierto comentario suelto y desprevenido en una tarde de tertulia amañada, el cual en   principio surgió como un efluvio inconsulto, a la larga resultó muy provechoso. 

Tal comentario manó de una noticia mediática sobre los inconvenientes que se están presentando en la construcción del túnel y uno de los viaductos de la carretera del alto de la Línea que une a Ibagué con Armenia. Tales inconvenientes se basan en la precariedad e incluso carencia de los estudios de impacto ambiental de rigor y ley que deben preceder cualquier tipo de obra vial  que involucre algún ecosistema natural.  Uno de los contertulios, sabedor de mi formación y mis intereses, en tono burlón y posiblemente sin maledicencia o inquina  se dirigió a mi y dijo: “¡Bah! Ustedes los ambientalistas cómo joden, la carretera se necesita y ponen "pereque" por unos pinches arbolitos”. Inicialmente mi reacción fue de incomodidad, no obstante y haciendo caso de los sabios consejos de familiares y amigos de moderar el ímpetu de mis reacciones, ¡PENSÉ! y calmadamente respondí desglosando su comentario:

1)      ¡YO NO SOY AMBIENTALISTA! Puesto que a lo largo de mi vida, digamos “consciente”, he tratado de superponer la razón por encima del fanatismo, la alegoría y el simbolismo. No obstante quien desee proceder de esa forma es algo absolutamente loable y respetable como para decir sin fundamento o razón alguna que “joden”.*, **

2)      Los estudios de impacto ambiental no surgen por un capricho o necedad, se basan en una serie bien documentada de antecedentes los cuales dictan las consecuencias de su mala ejecución, cuándo, y si se hicieron, y su ausencia en la mayoría de los casos.

Ejemplos en Colombia hay varios, uno de los más famosos, la destrucción sistemática de los manglares de Ciénaga Grande de Santa Marta debido a la construcción negligente e inconsulta de la troncal del Caribe en los años 50. O los primeros trabajos de excavaciones profundas durante la construcción de la represa del Guavio, los cuales agigantaron la inversión precisamente por no haber sido precedidos de un conveniente estudio de impacto ambiental. Incluso los costos generados por estudios de infraestructura sin contar con el sustento previo de un diagnóstico ambiental, caso claro la construcción de vías en el tapón del Darién, y así podría citar más y más sucesos nefastos asociados al desarrollo de la infraestructura vial, por nombrar este único ítem, puesto que si contáramos el impacto generado por el inapropiado desarrollo del sector agropecuario del país, el cual aporta un gran porcentaje de las causas por las cuales hoy día vivimos y sufrimos los “subproductos” del invierno (avalanchas, inundaciones, deslizamientos, etc.)  y por la destrucción de cerca de 45 millones de ha. producto de la expansión de la frontera agrícola en pro de una  alta productividad que en el mediano plazo ha agotado todos los recursos que pudiesen haberla hecho realidad y que por no haber sido sometidos a un análisis ambiental serio hoy son aún más limitados, se podría hacer un tratado sobre cómo hemos destruido el país por ineptos.

No obstante, en parte, comprendo la posición de este personaje y su “histolítico” comentario, ya que hoy día persiste la idea de que los temas ambientales son asunto de preferencias conceptuales sin el debido sustento teórico,  de distracción, de fanatismo y manipulación mediática con tintes altamente frívolos y banales totalmente alejados de una realidad contundente qué, no según mi criterio, son de carácter técnico (es decir sustentado en un sólido concepto teórico) involucrando varias disciplinas y así deberían ser tratados a nivel social con la seriedad, compromiso y reverencia que merecen. 
 *En 1972, en Estocolmo (Suecia), se reconoció la interrelación y el conflicto entre medio ambiente y desarrollo y se concluyó que la restricción era de carácter técnico.


** “La cumbre de la Tierra” de las Naciones Unidas en 1992, en Río de Janeiro (Brasil), se reconoció que la problemática entre medio ambiente y desarrollo rebasaba lo técnico y que, por lo tanto, el deterioro del medio ambiente tiene implicaciones sociales, políticas y necesariamente económicas.

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