Cierto comentario suelto y desprevenido en una tarde de
tertulia amañada, el cual en principio
surgió como un efluvio inconsulto, a la larga resultó muy provechoso.
Tal comentario manó de una noticia mediática sobre los
inconvenientes que se están presentando en la construcción del túnel y uno de
los viaductos de la carretera del alto de la Línea que une a Ibagué con
Armenia. Tales inconvenientes se basan en la precariedad e incluso carencia de
los estudios de impacto ambiental de rigor y ley que deben preceder cualquier
tipo de obra vial que involucre algún
ecosistema natural. Uno de los contertulios,
sabedor de mi formación y mis intereses, en tono burlón y posiblemente sin
maledicencia o inquina se dirigió a mi y
dijo: “¡Bah! Ustedes los ambientalistas cómo joden, la carretera se necesita y
ponen "pereque" por unos pinches arbolitos”. Inicialmente mi reacción fue de
incomodidad, no obstante y haciendo caso de los sabios consejos de familiares y
amigos de moderar el ímpetu de mis reacciones, ¡PENSÉ! y calmadamente respondí
desglosando su comentario:
1)
¡YO NO SOY AMBIENTALISTA! Puesto que a lo largo
de mi vida, digamos “consciente”, he tratado de superponer la razón por encima
del fanatismo, la alegoría y el simbolismo. No obstante quien desee proceder de
esa forma es algo absolutamente loable y respetable como para decir sin
fundamento o razón alguna que “joden”.*, **
2)
Los estudios de impacto ambiental no surgen por
un capricho o necedad, se basan en una serie bien documentada de antecedentes
los cuales dictan las consecuencias de su mala ejecución, cuándo, y si se
hicieron, y su ausencia en la mayoría de los casos.
Ejemplos en Colombia hay varios, uno de los más famosos, la
destrucción sistemática de los manglares de Ciénaga Grande de Santa Marta
debido a la construcción negligente e inconsulta de la troncal del Caribe en
los años 50. O los primeros trabajos de excavaciones profundas durante la
construcción de la represa del Guavio, los cuales agigantaron la inversión
precisamente por no haber sido precedidos de un conveniente estudio de impacto
ambiental. Incluso los costos generados por estudios de infraestructura sin
contar con el sustento previo de un diagnóstico ambiental, caso claro la
construcción de vías en el tapón del Darién, y así podría citar más y más
sucesos nefastos asociados al desarrollo de la infraestructura vial, por
nombrar este único ítem, puesto que si contáramos el impacto generado por el
inapropiado desarrollo del sector agropecuario del país, el cual aporta un gran
porcentaje de las causas por las cuales hoy día vivimos y sufrimos los
“subproductos” del invierno (avalanchas, inundaciones, deslizamientos,
etc.) y por la destrucción de cerca de
45 millones de ha. producto de la expansión de la frontera agrícola en pro de
una alta productividad que en el mediano
plazo ha agotado todos los recursos que pudiesen haberla hecho realidad y que
por no haber sido sometidos a un análisis ambiental serio hoy son aún más
limitados, se podría hacer un tratado sobre cómo hemos destruido el país por
ineptos.
No obstante, en parte, comprendo la posición de este
personaje y su “histolítico” comentario, ya que hoy día persiste la idea de que
los temas ambientales son asunto de preferencias conceptuales sin el debido
sustento teórico, de distracción, de
fanatismo y manipulación mediática con tintes altamente frívolos y banales
totalmente alejados de una realidad contundente qué, no según mi criterio, son de carácter técnico (es decir sustentado
en un sólido concepto teórico) involucrando varias disciplinas y así deberían
ser tratados a nivel social con la seriedad, compromiso y reverencia que
merecen.
*En 1972, en
Estocolmo (Suecia), se reconoció la interrelación y el conflicto entre medio
ambiente y desarrollo y se concluyó que la restricción era de carácter técnico.
** “La cumbre de la Tierra” de las Naciones Unidas en 1992,
en Río de Janeiro (Brasil), se reconoció que la problemática entre medio
ambiente y desarrollo rebasaba lo técnico y que, por lo tanto, el deterioro del
medio ambiente tiene implicaciones sociales, políticas y necesariamente
económicas.
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