Existen muchos factores que determinan cambios en la
sociedad, varios de ellos son de orden filosófico, religioso, científico, gubernativo, etc. No obstante, hay cambios
que pueden ser sutiles, tal vez intrascendentes o incluso frívolos o banales,
pero que a la larga, vistos con cierto juicio y prestando atención al detalle,
pueden ser significativos.
Hasta hace no más de 50 años el nivel de vida en Colombia
era diferente al actual, la capacidad adquisitiva, la variedad del mercado, las
dificultades de una deuda, etc., eran menos llevaderas que hoy día. Las condiciones del país en cuanto a su
infraestructura financiera limitaban el acceso de la gente a ciertos
beneficios que hoy día son relativamente comunes, tales como ir de vacaciones o
tener un carro.
En aquellos tiempos el costo de los automóviles era porcentualmente,
en relación con los ingresos de una familia de clase media, cercanos al 30 % neto
anual de la misma, es decir, comprar un carro significaba un gasto considerable
y una deuda larga y costosa, además, los vehículos disponibles en el mercado
eran de gamas relativamente altas cuyo mantenimiento también resultaba oneroso.
Por otro lado, las vías de comunicación terrestres hacían de
un viaje en bus algo más parecido a una peregrinación que a un paseo, era
proporcionalmente más costoso el pasaje respecto a lo que cuesta hoy en día y
un viaje que dura tres o cuatro horas, en aquel entonces podía durar el doble o
incluso el triple. Viajar en bus era una opción remotamente tan masiva y común
como lo es actualmente; los buses eran lentos, inseguros e incómodos, nada
comparado con los vehículos ligeros, suaves, espaciosos y eficientes que hoy vemos
“volar” por las principales carreteras colombianas.
Las opciones de viajar en avión eran aún más elitistas, un
tiquete era sumamente costoso, y no había la oferta de destinos, conexiones,
promociones y descuentos que vemos hoy
en cualquier buscador de vuelos baratos en Internet. Viajar en avión constituía
un factor de prestigio tal vez más significativo que el destino o las anécdotas
del periodo vacacional.
No obstante, en 1966, Auto Andes trajo a Colombia un carrito
francés cuyas características lo hicieron icónico; el Renault 4, un modesto
modelo de cuatro puertas, con un motorcito de 747cc. cuya potencia no superaba
20CV, sus asientos originales eran modulares en lona y su velocidad máxima era
de 76Km/h. (en bajada). Sin embargo, la llegada de este modesto carrito también
trajo consigo un precio mucho más asequible, así como nuevos modelos de
financiación que permitieron a muchos
jefes de hogar considerar la idea de tener carro.
En efecto, este vehículo empezó a volverse un andador
habitual por toda Colombia, así mismo “achicó” al país, pues muchas personas,
gracias al “renolito”, por ejemplo, conocieron el mar. Su bajo consumo, su
fácil manutención, su maniobrabilidad y versatilidad, estimularon a mucha gente
a recorrer el país durante sus vacaciones. Este simple carrito subía la Línea, subía
por Pescadero, La Pintada, La Tribuna, Chiflas, La Quiebra, Pisba, Letras,
Boquerón, Rosas, La Mona, El Duende, y tantos otros altos distribuidos en las tres
cordilleras que trifurcan a este quebrado y topográficamente rebelde país.
Así mismo la frecuencia de visitas a familiares y amigos viviendo
en distintas poblaciones se hizo asidua, e incluso la posibilidad de ampliar
dichos espectros familiares y sociales, pues el tiempo, relativo a la
distancia, dejo der ser un factor tan limitante como hasta antes del arribo de este
“cacharrito”.
Pudiera parecer intrascendente este anecdótico relato, pero
este “mecánico” episodio fugaz y tímido de la historia del país, en efecto lo “achicó”. Acercó sus habitantes a muchos rincones otrora
remotos, permitió a muchas familias interpretar un territorio, sus costumbres
y moradores, percibir cómo “bajando” hace más calor, y “subiendo” más frío,
degustar otras comidas, sentir con más frecuencia la añoranza del retorno,
parar a comer el postre, descubrir pueblos, veredas, regiones, etc. así fuera
despacito, por carreteras destapadas, trochas o atajos, como fuere, este noble carrito los llevaba.
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