Viendo los efectos de la repudiable golpiza propinada por el actor Alejandro García a su pareja, la también actriz Eileen Moreno, brilla por su asuencia el concepto y práctica de la coherencia.
Según investigaciones de la campaña: "Violaciones y otras violencias: Saquen mi cuerpo de la guerra"*, en el marco de conflicto armado hubo más de 800000 casos de violencia contra la mujeres, de los cuales el 67% fueron adjudicados a las FARC.
Hasta ahora no he visto (ni veré) alguna foto de alguien tapando la mitad de su cara en función de erigir una protesta ante quienes hoy, IMPUNEMENTE, fungen de "padres de la patria" mientras en su haber se han compulsado más de 1700 folios que constituyen el acerbo probatorio sobre la comisión de este tipo de delitos; al contrario, en su momento vi a muchas personas que hoy se tapan media cara, aplaudiendo cuando estos hampones llegaron sonrientes y petulantes ante la primera audiencia de la JEP (otro circo) o asumieron sus curules en el Congreso de la República sin responder por ni una sola de estas acusaciones.
Es interesante y recurrente ver cómo la indignación suele ser una especie de estornudo, tan reaccionaria pero al mismo tiempo instantánea, fugaz y pasajera.
Pregunta: ¿cuál hubiera sido la reacción de esta "enardecida sociedad pro NO violencia contra las mujeres", ante Clara López Obregón, cuando le dijo a un grupo de exguerrilleras de la Corporación Rosa Blanca que "en función de la paz, tendrán que aprender a convivir con sus victimarios", le hubiera dicho lo mismo a Eileen Moreno?
Coherencia...por favor ¡coherencia!
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