domingo, 22 de octubre de 2017

Un cuento.

Eso.

-Siempre se demora, ¿qué tanto hará después del trabajo? -

Dijo retirando los dedos mientras la persiana se cerraba, 

-no está bien que se arriesgue de ese modo y menos en una ciudad tan peligrosa.-

Se retiró de la ventana lanzando un bufido celoso y pensó en ir a dormir, no obstante, sabía que no lo lograría hasta cuando ella llegara.

En efecto, no habiendo pasado más de una hora, sintió un automóvil detenerse, también algunas risas y la puerta metálica de aquel viejo edificio abriéndose, era ella, reconocería esa risa incluso estando sordo.  Sintió rabia, pero al mismo tiempo aquel alivio del padre que espera a sus hijos cuando dicen llegar a las doce, pero sólo hasta las tres se sienten llegar a casa, aún con los zapatos en la mano y a hurtadillas.

-Siempre hace eso, llega cuando le da la gana, desconsiderada, ¿acaso cree que vive sola?-

A la mañana siguiente saliendo cada uno hacia su respectivo trabajo, apenas le saludó, un simple gesto frío e inquisidor tan sólo para hacerle notar su desagrado, ella lo miró, entendió su desaprobación, no obstante respondió de la misma manera ese saludo y procedió a abordar un taxi. 

Él la vio alejarse mientras susurraba,

-¿Pero qué o quién se cree?, ¿Ahora soy yo quien debe tolerar su soberbia cuando es ella quien debe explicaciones? ¿Soy yo quien lleva esa vida de inestabilidad y ligereza? ¿Acaso quién se cree?-

Esa noche bajó del taxi y vio una luz encendida, miró con prudencia, apenas levantando la cabeza y lo vio de nuevo con esa mirada inquisitiva, se sintió molesta pero hizo como si no se hubiese percatado, se rió de nuevo y entró al viejo edificio.

-¿Quién se cree? ¿Acaso le debo algún tipo de explicación? ¿No soy lo suficientemente adulta cómo para hacer lo que me plazca? ¡Me tiene aburrida esa vigilancia!-

Cerró la puerta y se preparó para ir a dormir. 

-“¿Quién se cree?”...-

En la mañana volvieron a cruzarse, no hubo siquiera un saludo, tan sólo una mirada de reproche de parte y parte, ninguno dijo o hizo algo pero no fue necesario, ambos sabían por qué. 

Al llegar la noche ella se percató que el automóvil de él no estaba en el garaje, -qué dicha-, pensó, -al parecer encontró una vida-. Subió al apartamento y se preparó a dormir, más tarde al fin lo sintió llegar.

A la mañana siguiente no pudo contener más su reclamo y se atrevió a preguntarle.

 -¿Usted por qué siempre me vigila por la ventana? Créame, su actitud es propia de un orate.- 

-¿La vigilo? Tan sólo miro porque siempre me despierta cuando llega, ¿acaso cree que vive sola?, 

¿No podría al menos reír en voz baja o hacer menos ruido?-   

Esa respuesta, por algún motivo, le molestó, pero no cómo ella pensaba.

- “¿Ah?, entonces le parece que hago mucho ruido, ¿no será que el señor tiene tisis o algo así?-

-¡NO!, y ya que remite su reclamo asociado al respeto le recuerdo que en medio de muy pocas palabras me dijo orate y tísico, ¿le parece bien cuando lo único que hago es preocuparme?-

Dijo sintiendo más no pensando

-¿Ah sí,  y qué le preocupa?-

Pensó rápido y contestó:

 -“que olvide cerrar con doble giro la cerradura de la puerta, es que llega tan “eufórica y excitada” que puede olvidarlo y eso nos perjudicaría a todos.-

Ella no dijo nada, hizo un gesto de desdén y sin nada más que decir cada cual se dirigió a su trabajo.

Regresó a la ventana, sin encender la luz, para ver si ya había llegado. Notó que descendió de un taxi, sin reír y a una hora decente, vio que entró sin hacer ruido.

-¿qué le habrá pasado? se le ve preocupada.-

A la mañana siguiente, y en el pasillo de siempre, lo retó de nuevo.

-¿Cree que no lo vi? Hasta siento su  miradera, ¡encienda la luz, no sea tímido!-  

Él sintió vergüenza, sabía que esta vez ella tenía el sartén por el mango, lo había sorprendido, pero ya no importaba, su vigilia constante terminaría.

-No sé si vio o no vio algo, pero despreocúpese, a partir de mañana desocupo ese apartamento, y me voy de aquí.- 

-¡Pues me alegra!-

Al fin dejaría de ver esos ojos vigilantes, y más aún esa mirada aparentemente paternal, esa actitud de atalaya, esa pose de gendarme nocturno espiando sus movimientos, sus risas, sus compañías y su ruido, por fin acabaría esa sensación de estar pendiente de una gárgola inánime aunque respirase. No volvería a ver esa silueta inquieta sin razón o motivo alguno ni esa mirada inquisidora y desafiante por las mañanas, al fin sería libre.

En efecto, al llegar la noche, notó ese apartamento vacío, se sintió extraña, no obstante entró al suyo como siempre solía hacerlo, tardó un poco en dormir y despertó más temprano que de costumbre. 

Salió al pasillo, bajó las escaleras,  salió a la calle y tomó un taxi.  Se sintió extraña, pero no acertó a descifrar tal sensación.

Su día fue diferente, tal vez un poco más largo que lo habitual pero sin mayores novedades, salió de su oficina, tomó un taxi, llegó al edificio y de nuevo no pudo contener el impulso de ver hacia esa ventana ahora vacía, hubiera querido reír a carcajadas pero ya no tendría sentido.  Entró a su apartamento,  fue a dormir y tardó un poco más que la noche anterior e igualmente despertó un poco antes que la mañana anterior.

-¿Qué ocurre?-, le preguntó su compañera de trabajo, desde hace un par de días se te ve extraña.

-No ha de ser nada, quizá mucho trabajo ¡hasta mañana!- 

Llegó al edificio, de nuevo esa ventana vacía, sintió calofríos, también se encontró con una vecina a quien le llamó la atención su expresión.

-¿Está todo bien, te ves un poco pálida?-

-¿AH?...sí..., sí, estoy bien, es sólo que… ¿no te parece  tétrico un apartamento vacío?, ojalá lo ocupen rápido.-

-Pues no había pensado en ello, pero puede ser, los apartamentos fueron hechos para ser habitados, aunque el antiguo inquilino era un poco extraño ¿no?-

-Sí, lo era,  con tu permiso, que pases buena noche.-

Entró al edificio, se cercioró de poner doble giro a la cerradura, entró a su apartamento y fue a dormir, nuevamente tardó un poco más que la noche anterior y así mismo despertó un poco antes, no preparó café y apenas se maquilló, salió al pasillo, bajó rápido las escaleras caminó rápidamente hacía la avenida y tomó un taxi.

-Hoy te ves fatal, querida, ¿líos amorosos?- 

Dijo socarronamente su compañera de trabajo.

-No, no tengo ningún problema, tan sólo se me hizo tarde.- 

Dijo secamente concluyendo la charla.

Salió un poco más tarde de su trabajo, por algún motivo no sentía deseos de regresar a casa, tomó un taxi, y se dirigió a un centro comercial.

-Quizás necesite ir de compras…-

Compró varias cosas, muchas no las necesitaba y ni siquiera tardó mucho tiempo en escogerlas, no importaba si le gustaban o no, cedió al gusto de las vendedoras.   Salió a la calle tomó un taxi y fue a casa.

De nuevo, esa ventana vacía, sin vida alguna, sin gracia, sin rutina, sin ojos, sin siluetas, sin movimiento, sin luz,…sin nada.

-Ahora, ¿qué sigue?  Entro a mi apartamento…me voy a la cama a dar y dar vueltas…no, menos mal compré whisky.-

Entró, tiró las bolsas al piso, agitó los pies y sus zapatos volaron, sacó la botella y se tumbó en el sillón,  pensaba en poemas cursis, analogías sobre la soledad y la extrañeza, sobre el  vuelco que dio su vida, sobre las metáforas  acerca de perder un control que nunca se tuvo; sobre control, ¿cuál control?, pensaba en esa atosigante vigilancia, que, sin saber cuándo, se hizo rutina, se hizo fundamental, que todo se volvió extraño sin necesidad que siempre hubiera sido normal, que hay cosas extrañas que uno puede extrañar.


















  







 


  



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Plantas exóticas, no exóticas, nativas, no nativas…

Los procesos de restauración ecológica, diseño de jardines y planificación de zonas urbanas han sido objeto de debate en relación con la com...